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TURQUÍA | ‘En mi autobús mando yo. Ustedes se bajan’ El autobús de los besos

“Éste no es lugar para el sexo”, tronó el conductor del autobús 25-T —la línea que conecta la céntrica plaza Taksim de Estambul con las universidades del norte— al ver una parejita, muy joven, cogida de la mano, en los primeros asientos. “En mi autobús mando yo. Ustedes se bajan”.

Una semana más tarde, la frase “el autobús del sexo” corre por Twitter, ha hecho nacer tres grupos de Facebook —uno a favor de la parejita, con más de 10.000 afiliados, y dos a favor del conductor, con un total de 105—, y ha ocupado portadas de varios diarios y cuatro minutos de entrevista en la cadena CNN Türk. La culpa la tiene Gökçe Koç, un estudiante de 28 años que fue testigo del exabrupto y no se pudo callar. “Éste autobús no es suyo ni es de Recep Tayyip Erdogan —el primer ministro— sino del público”, le replicó. Frase que le costó un puñetazo de otro pasajero.

Gökce Koç puso una queja a la empresa municipal de autobuses, cuyos responsables “han sido muy amables y me han asegurado que me informarán de la investigación interna”, asegura el joven, aun visiblemente emocionado cuando recuerda los hechos. “Yo defiendo una Turquía moderna, pero también habría intervenido si hubiesen agredido a una chica por llevar velo. Lo que más me entristece es que nadie más en el autobús reaccionó. Pero es algo que atañe a todos, no una pelea personal”.

Por eso, Koç narró los hechos en una popular web y fue a la televisión para confirmar que no se trataba de un rumor. Pero “lo demás surgió espontáneamente, yo ya no tenía nada que ver”, añade: la frenética actividad en internet y la protesta, el domingo pasado, de un grupo de 40 jóvenes que “tomaron un bus de la misma línea, dándose besos en el trayecto y aplaudiendo”. El vídeo circula por Youtube.

“Si sé lo de la besada, voy y participo”, asegura Ebru Akar, profesora de 28 años. Ella nunca ha tenido problemas por besarse en la calle “con cualquier amante, o incluso con un desconocido, cosa que me ha ocurrido y nadie me ha mirado mal pero es que sé en qué barrio puedo hacerlo. En otros te arriesgas a que te den una paliza. Habría que trazar un mapa de ‘zonas de besada libre…'”, sugiere. “Y hay ciudades, como Konya —feudo conservador— donde no te puedes besar ni con tu marido”. Un grupo anti-besos en Facebook usa artillería pesada: bajo una foto de un autobús accidentado pide que “los conductores puedan trabajar sin que les distraiga el ruido de los besos”.

Tanto Akar como Koc creen que desde que el hoy primer ministro Erdogan se convirtió en alcalde de Estambul en 1994, la ciudad ha estado en manos de un club conservador… y que el personal de las empresas municipales es afín. Pero las compañías privadas que se encargan del largo recorrido no son muy distintas: está absolutamente prohibido que se sientan juntas dos personas de sexo opuesto, si no han comprado el billete juntos. “Una vez en un viaje largo le dije a un chico que se sentara a mi lado, había un sitio libre. El conductor se lo prohibió”, recuerda Akar. “Es una ley no escrita. Y todo el mundo quiere dárselas de más religioso y más moral que los demás”. Pero ella seguirá regalando besos, promete.

Jose Arturo

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