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Los ‘enfermeros de la muerte’ asesinaban inyectando aire o altas dosis de morfina a sus víctimas

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El alboroto en el Centro de Tratamiento Intensivo (CTI) era tal que los médicos tuvieron que convocar al jefe de la unidad para que se hiciera cargo de la situación. Los enfermos habían entrado en pánico al enterarse de que un enfermero del Hospital Maciel, donde estaban internados, había asesinado a un sinnúmero de personas en su misma condición.

“Los pacientes se volvieron locos cuando les llegó la noticia. Algunos llamaron a sus familiares para que los vinieran a recoger. El jefe tuvo que prometer que velaría personalmente por ellos. Nunca se había visto una escena así en el hospital”, contó uno de los médicos.

Los uruguayos se conmovieron esta mañana al conocer nuevos detalles acerca de las prácticas homicidas de dos enfermeros en las salas de cuidado intensivo del Hospital Maciel, uno de los mejores establecimientos públicos de Uruguay y del sanatorio de la Asociación Española de Socorros Mutuos.

El juez Rolando Vomero procesó a uno de los individuos por 11 asesinatos y al otro por cometer cinco 5 homicidios calificados, en ambos casos, como “especialmente agravados”.

No obstante, se presume que los sospechosos mataron a unas 60 personas si no más, pues uno de ellos declaró que no recuerda cuantas fueron sus víctimas. La Justicia también puso en prisión preventiva a una supuesta cómplice de los acusados. Por orden del juez, la identidad de los sospechosos permanece bajo secreto de sumario.

Esta mañana, los enfermeros confesaron que asesinaban a los pacientes inyectando aire o dosis letales de morfina en sus venas. Las macabras prácticas que realizaban se remontan al 2010 y las primeras denuncias llegaron a la Policía hace dos meses.

En base al testimonio de un familiar, el Departamento de Vigilancia de la Dirección del Crimen Organizado, inició una pesquisa -la ‘operación Ángeles de la Muerte’- en la cual se estudiaron los antecedentes del personal con acceso a la sala de cuidados intensivos y se analizaron las fichas médicas de pacientes.

Al cabo de un mes, los investigadores lograron orientar las pesquisas hacia dos sospechosos de 39 y 46 años. Lo que más sorprendió a los detectives fue que los homicidas apenas se conocieran y que sin embargo emplearan el mismo método para liquidar a sus víctimas.

Al prestar declaración, ambos alegaron que sólo mataban a los enfermos terminales y que lo hacía por “razones humanitarias”. Pero se ha confirmado que no todas las víctimas eran enfermos terminales.
No descartan que sufran un trastorno psicológico

La abogada del enfermero que trabajaba en el sanatorio privado, Inés Massiotti, sostiene que su cliente actuaba por piedad, aunque no descartó que padezca de una trastorno psicológico. “Después de 20 años de trabajar en cuidados intensivos, con estrés y en contacto con la muerte, no pudo soportarlo más. De la pericia psicológica surgirá que tiene un trastorno de personalidad que afectó su trabajo”, dijo Massiotti.

La abogada insinuó que el enfermero pudo ser víctima de un abuso sexual en su niñez. Santiago Clavijo, el abogado del segundo acusado, señaló que la motivación de su cliente fue “netamente piadosa” y que las víctimas eran “personas añosas, muy enfermas”.

Pero los investigadores descartan que en la labor de los “samaritanos” interviniera un móvil compasivo. Para ellos lo más probable es que los enfermeros quisieran ahorrarse el trabajo de cuidar a tantos pacientes. A su vez, el magistrado a cargo de la investigación señala que si bien las víctimas padecían de graves enfermedades, ninguna se hallaba en estado terminal.

El enfermero de 39 años que trabajaba en el Hospital Maciel y ocasionalmente en Asociación Española, era reconocido como “un tipo común y corriente” sin ninguna actitud que llamase la atención. El otro procesado, de 46 años, era considerado como un empleado eficiente y responsable. Pero más bien una persona solitaria que no alternaba con sus compañeros de trabajo.

Jose Arturo

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